Sus hijos están ya en la adolescencia. Esta etapa supone un paso importante entre la niñez y el mundo adulto. Muchos padres cuando llega la adolescencia se encuentran con un niño/a que ha dejado de serlo y no saben como actuar ante: muestras de inconformismo, desobediencia, actitudes de salirse con la suya, engañar un a los padres ocultando cosas, no hacerles caso y hacer mucho más caso a los amigos/as, problemas con la ropa, salir por la noche, salir con chicos/as etc.
Para empezar a trabajar con un adolescente deben partir de dos
elementos: cómo es vuestro hijo/a
y cómo actúan los adolescentes. Todos los aspectos que he
destacado al principio son frecuentes y normales, siempre que no sean
exagerados, por ejemplo... que se enfaden frecuentemente con los padres,
porque no les dejamos hacer alguna actividad, es normal, pero si se
enfada con insultos o mucha agresividad ya no es tan normal. Una reacción
así puede nacer, por ejemplo, por haber estado muy consentido/a o
sobreprotegido (ha hecho un poco lo que le ha dado la gana) o que
vosotros (padres) sois muy duros y no le dejáis hacer casi nada.
El adolescente busca seguridad en su pandilla, aunque estas son
todavía poco estables. Necesita menos afecto de los padres (pero si
apoyo y comprensión) y busca su independencia... en
este camino el chaval/a debe aceptar la autoridad paterna, pero debemos
dialogar y negociar más que antes (ya no sirve eso de “porque lo
mando yo”). También debemos hacer entender al joven cuando sus
razonamientos son sensatos y cuando no (no es fácil, pues sólo piensan
en el presente).
En este momento de la vida del joven,
las madres y los padres se pueden ver desbordados, así que necesitaréis
mucha ayuda mutua. Si el padre (o madre) no ha estado muy implicado
en la labor educativa, su presencia "sólo" para controlar,
puede provocar actitudes de rechazo del adolescente.
Por eso, madre y padre deben ponerse de acuerdo en su estilo de educar (normas y límites
del hogar). Los padres deben apoyarse y razonar lo que pasa con
el hijo/a... la madre suele ser más contemporizadora y el padre más
duro... pero la idea o norma debe ser la misma. Por ejemplo, "si
debe venir a casa a las 10 de la noche, se debe cumplir... si hay una
fiesta especial se puede decidir que venga a las 11", pero esta
decisión debe ser hablada. Si se cambia mucho de opinión o cada uno le
dice una cosa, se irrita innecesariamente a los chicos. Con la edad, hay
que ir cambiando esas normas, dado que lo
importante es que los chavales tengan su propio autocontrol.
La prioridad de los
padres debe ser: buscar que el
adolescente sea RESPONSABLE de sus estudios (amigos y ocio) cada vez más
y que cumpla los acuerdos y normas familiares (que debe conocer
bien)... para que poco a poco sea él, el que se controle y organice
(empezando por su cuarto, estudios, paga semanal, horarios de entrada y
salida etc.).
Las muchas solicitudes o demandas de su hijo/a deben ser
filtradas por dos factores: ser
razonables y justas, en relación a su edad
y a su responsabilidad. Rechazar presiones o chantajes y no dar falsas esperanzas... se puede
negociar y llegar acuerdos pero estos deben ser totalmente cumplidos.
Tampoco debemos hacerles chantajes afectivos (ej. No decir a su hijo/a:
"cómo me haces esto a mí, con lo que yo te quiero").
Querer a un hijo/a adolescente ya no debe basarse sólo en besos
y abrazos, sino en dialogo
y aprecio por lo que el
joven piensa y hace. Educar es más que querer, aunque a veces el
chico/a no entienda nuestras razones y se enfade.
El amor debe ir unido al respeto,
no se debe perder el respeto a un hijo/a, pero tampoco permitir que él/ella
nos pierda el respeto. No se gana
nada con los gritos y reproches. Cuando vuestro hijo/a se empiece a
ponerse tonto, se le dice lo que debe hacer y uno se va de la habitación
donde se esté con él, no le enseñemos a “dialogar” a gritos.
Un adolescente necesita limites, más
amplios y flexibles pero igualmente claros que cuando era un niño/a.
Negociar no es malo, siempre que el chaval acepte los acuerdos y no se
los salte. Debemos valorar su responsabilidad y premiarla. Si se pasa,
debe ser castigado, normalmente con el "dinero y el tiempo en la
calle", pero nunca quitarle
todo, sino una parte de la paga o el tiempo de amigos o juegos (para
que realmente valore el castigo). No
castigar con tener que estudiar más horas (no lo hará), ni premiar con
regalos por las notas; estudiar es su obligación y una parte de su
futuro, él/ella debe valorar su importancia. Los premios y regalos
deben basarse en la madurez y esfuerzos que realiza en su comportamiento
en general.
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(Equipo de Orientación, Educativa y Psicopedagógica nº 1)