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 Departamento de Orientación y Familia

 

Artículo de Ana Torres, Orientadora de Educación Secundaria  publicado en la
Revista Padres y Maestros, nº 297, de enero de 2006
 

    Los padres necesitan hoy, más que nunca, la colaboración del Departamento de Orientación en la resolución de problemas que afectan a sus hijos


Una mesita, un par de sillas, unos cuantos libros y un folio pegado en la puerta con tres palabras escritas: Departamento de Orientación. Así fueron los inicios, duros, de un servicio que hace menos de una década no existía en Galicia y que coordinaba un señor o señora al que se le hacía el chiste del pakistaní (“y ése, ¿paquestaquí?”). Pero poco a poco se fueron habilitando espacios, eso sí, con mayor o menor fortuna: sé de un armario de escobas dedicado a este menester al menos durante un curso entero. Pero los que empezábamos con el tema de la orientación estábamos contentos, la cosa era entrar, hacerse un hueco y ponerse a trabajar. Las familias, en esos primeros años, todavía tenían el recuerdo del psicólogo del colegio, que era aquel que te decía: “Tú no sirves para hacer el BUP, mejor que vayas a la FP y a ver si puedes con ella”. Algunos de esos chicos que finalmente no hicieron caso al psicólogo y sacaron una provechosa carrera (o no), aún hoy hablan con una mezcla de rencor y orgullo de alguien que por poco les trunca su vida profesional. Se entiende, pues, que algunos de ellos se hayan convertido en padres que desean que sus hijos no tengan nunca que relacionarse con el psicólogo ni nada que se le parezca. Pero eso fue muy al principio, cuando al orientador todavía alguien le llamaba “loquero”,  y las familias sólo iban a visitarle cuando había que hablar del chico-problema.

Hoy en día los Departamentos de Orientación de todos los institutos de Galicia, y de la mayoría de colegios de Primaria, están más que dotados: el equipo informático suele ser la envidia del personal, y su situación acostumbra a ser inmejorable. Pero, lo más importante: los alumnos, los profesores y, cada día más, las familias lo conciben como parte de la vida diaria del centro, y no como un servicio excepcional. La relación Departamento de Orientación-familias goza cada día de mejor salud aunque, indudablemente, hay muchos aspectos que necesitan mejorar. Echemos un vistazo a un lado y a otro de la barrera.

 

1. ¿CÓMO SE SIENTEN LOS PADRES?

Desorientados, confusos e inseguros. Así se sienten y así se muestran los padres que participaron en la investigación “La brecha generacional en la educación de los hijos” realizada por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y la Obra Social de Caja Madrid presentada al inicio de este curso escolar. Estos “nuevos padres” (con hijos menores de seis años), que reconocen  añorar la autoridad y la disciplina de antaño, echan la culpa al sistema educativo de la mala formación de los jóvenes. Por su parte los profesores entrevistados, de Educación Infantil y Primaria, cambian la pelota de tejado y afirman que los progenitores descuidan su labor y pretenden que a los hijos se les eduque en las aulas, cuando eso es imposible si no existe un apoyo familiar sólido. En cualquier caso, ambos sectores reconocen que la familia es la que tiene que educar aunque es fundamental una estrecha colaboración con la escuela.

Los padres, en definitiva, se enfrentan a contradicciones que se ven incapaces de resolver. Éstos son unos ejemplos:

-Se ven en la tesitura de educar a los hijos inmersos en una sociedad que promueve valores contrarios a los que ellos intentan inculcar.

-Valoran el modelo educativo tradicional de autoridad y disciplina, al tiempo que ven imprescindible un clima afectivo y próximo, un ambiente de comunicación y de respeto que facilite la formación de personas autónomas y libres.

-Defienden el altruismo, la tolerancia y la solidaridad pero también la competitividad y el individualismo.

-Quieren estar más tiempo con los niños pero los llenan de actividades extraescolares porque no saben qué hacer con ellos.

-No quieren que sean caprichosos pero no son capaces de negarles nada.

-Les gusta que respeten la diversidad pero prefieren que se muevan entre “sus iguales”...

¿Y qué pasa cuándo crecen? Pues que la cosa se pone peor: cuatro de cada diez padres españoles no sabe cómo educar a sus hijos adolescentes. Si tenemos en cuenta que en el 20% de las familias españolas hay un chico de entre 13 y 18 años… podemos concluir que son muchos los padres descolocados. Ésta es la conclusión extraída por la investigación “Valores y pautas de interacción familiar en la adolescencia” realizada por la Fundación Santa María hace tres años, y que obtuvo este ránking de temas que más quebraderos de cabeza provoca un hijo en “la edad del pavo”: 

  1. Las drogas

  2. La falta de oportunidades

  3. Las malas compañías

  4. El consumo de alcohol

  5. Los problemas de salud: el sida, en el caso de los chicos, y la anorexia o la bulimia en el caso de las chicas.

Estos aspectos, que son los que en la actualidad preocupan más a los padres, varían en orden de importancia según la clase social y el sexo de los hijos. Por ejemplo, los embarazos no deseados ocupan el último lugar de los diez problemas que se les propuso en el caso de los hijos varones mientras que se sitúa en el séptimo puesto en el caso de las hijas.

2. EL ENFOQUE DESDE DENTRO

En mi experiencia como orientadora puedo confirmar que esos son los temas que más preocupan a los padres, al margen del rendimiento académico y el comportamiento en clase, que son los dos grandes caballos de batalla de la rutina escolar. Lo que también he presenciado en estos ocho años ha sido un cambio de tendencia: desde los primeros tiempos en que las familias, al igual que los profesores, se afanaban en pedir informes psicopedagógicos que confirmasen la “normalidad” o “anormalidad” de sus hijos, o incluso la intervención clínica sobre supuestas patologías, hasta el momento actual, en el que es más habitual que soliciten asesoramiento a la hora de actuar, muchas veces para prevenir situaciones de riesgo. Digamos que se pasó de considerarnos fuente de problemas (“¡Uy, llamó el orientador!¿En qué lío te has metido, hijo?) a tenernos como aliados en la educación de sus vástagos, ¡incluso a veces de forma exagerada! Por ejemplo, es relativamente frecuente que la familia pida nuestra intervención con su chaval adolescente ante situaciones que en otras épocas no solían llegar a oídos de los padres: un enfado con los amigos, la típica crisis por rotura sentimental o la primera borrachera de fin de semana.

En fin, yo prefiero esta situación que la anterior, aunque a veces haya que intervenir para confirmar que todo está en orden, que no hay motivo para alarmarse, y que estas situaciones “traumáticas” forman parte del proceso de crecimiento de cualquier persona.

 

3. ENTONCES, ¿CUÁNDO PEDIR AYUDA AL DEPARTAMENTO DE ORIENTACIÓN?

Los padres o familiares de un alumno pueden pedir la actuación del orientador siempre que lo consideren necesario, por ejemplo cuando observen:

-que su hijo no rinde lo suficiente,

-que los nervios le trastornan,

-que tiene problemas de relación con los compañeros,

-que está desanimado y sin ganas de nada,

-que tontea con las drogas,

-que no sabe estudiar pero se pasa las tardes delante del libro,

-que no sabe lo que quiere hacer con sus estudios,

… y, en general, pueden acudir a la ayuda del Departamento de Orientación siempre que quieran información, asesoramiento o aclarar cualquier duda acerca de la educación de su hijo. Esto no quiere decir que el orientador sea un especie de mago que vaya a hacer desaparecer de un plumazo el problema, pero probablemente le oriente hacia donde tiene que dirigir sus pasos.

Y es que las dificultades hay que definirlas, enfocarlas, plantear un plan de actuación y llevarlo a cabo con la implicación de la escuela y la familia, que es un proceso que se inicia con una cita entre los padres y el orientador..

Basadas en el enfoque de Paul Walzlawick, hay cuatro preguntas que para mi nunca deben faltar en la entrevista con una familia:

  1. ¿Cuál es el problema? Es la pregunta fundamental. A veces, no saben responderla. Formularles esta cuestión de una forma directa ayuda a definir el problema, que no siempre está bien focalizado.

  2. ¿Qué han intentando hacer para solucionarlo? Esta segunda pregunta nos informa acerca de los caminos que han seguido para enfrentarse al conflicto. Si se ha enfocado de una manera constructiva, o por el contrario se ha complicado por una intervención equivocada o poco afortunada. También nos indica el grado de implicación de los padres en la educación de sus hijos.

  3. ¿Cuál creen que sería la solución? Esta pregunta también nos permite “ir al grano” ya que a veces los padres traen en mente lo que ellos creen que es la solución para el problema que viven con su hijo. Y muchas veces aciertan. Por ejemplo: apoyo educativo individualizado, enseñarle a respetar las normas, unas buenas técnicas de relajación, enseñarle habilidades sociales, o quizá un buen método de estudio… En ocasiones están totalmente perdidos y entonces hay que ofrecerles vías de actuación.

  4. ¿Qué esperan que vaya a conseguir yo (el orientador)? Esta cuestión nos da la oportunidad de explicar cuál es el papel del orientador, sus posibilidades y limitaciones. Si tienen unas expectativas demasiado altas, o por el contrario creen que no hay nada que podamos hacer para ayudar a su hijo, éste es el momento de ajustar a la realidad su perspectiva. También se aclara que los cambios se van a conseguir dependiendo del nivel de motivación del implicado y de la colaboración familiar.

 

4. FACTORES QUE ENTORPECEN LA BUENA COMUNICACIÓN ENTRE DEPARTAMENTO DE ORIENTACIÓN Y FAMILIA

 

De estos pocos pero fructíferos años en los que se han generalizado los Departamentos de Orientación en la Comunidad gallega, se pueden sacar algunas conclusiones en cuanto a los factores que dificultan el entendimiento entre la familia y los orientadores.

Por parte de la familia:

-Cuando desconocen la función del Departamento de Orientación.

-Cuando traen unas expectativas demasiado altas o se muestran ansiosos en resolver el problema en poco tiempo.

-Cuando desconfían de la labor orientadora o desprecian la intervención psicológica por entender que “mi hijo no está loco”.

-Cuando mienten acerca de los hábitos, actitudes o comportamiento de su hijo y ocultan información por creer que así le están defendiendo.

-Cuando no admiten que hay un problema o se niegan a aceptar la realidad.

-Cuando critican a los profesores de sus hijos y descalifican el funcionamiento del centro.

-Cuando no están dispuestos a colaborar.

-Cuando, ante un caso serio, sólo aparece uno de los progenitores (normalmente la madre) y el padre no participa nunca de estas reuniones.

-Cuando se dedican a echar la culpa de la situación del niño “a esa maestra tan mala que tuvo en Educación Infantil”.

§         Por parte del orientador:

-Cuando relega la reunión con los padres a 10 minutitos y está entorpecida constantemente con llamadas.

-Cuando no les ofrece una solución o línea de actuación, sólo un diagnóstico.

-Cuando no escucha, sólo habla.

-Cuando no estructura la entrevista y deja que la familia se vaya sin tener claro a qué conclusión se ha llegado.

-Cuando culpa a la familia de la situación.

-Cuando habla de una manera excesivamente técnica.

-Cuando les habla como si fueran tontos.

-Cuando sólo habla de las limitaciones del alumno (“su hijo nunca podrá estudiar una carrera”) pero nunca de sus posibilidades.

-Cuando acusa a los padres de desatender a su hijo, o de pasar de él.

-Cuando no tiene un horario de atención a las familias flexible.

-Cuando no informa a los padres de las necesidades detectadas o de las medidas educativas puestas en marcha (refuerzos, adaptaciones).

-Cuando no está integrado en el funcionamiento cotidiano del centro y es un ente aparte.

-Cuando sólo actúa como apaga-fuegos de los chicos-problema.

-Cuando dice “este chaval no tiene arreglo, se lo digo yo”.

 

  1. DOS RAZONES PARA EL OPTIMISMO

Se ha adelantado mucho en poco tiempo. Ésa es la primera razón que me lleva a confiar en que en los próximos años la relación de las familias con el Departamento de Orientación va a ser cada vez más fluida y necesaria.

Y nos hemos hecho imprescindibles. Ése es el segundo argumento que esgrimo ante los planteamientos más pesimistas de algunos de mis compañeros de profesión, que por distintas circunstancias se han encontrado con demasiados obstáculos y muy poca colaboración en su tarea de orientar, lo que les ha llevado a tener un punto de vista mucho más negativo.

A estas alturas, todos tenemos bastante claro cuáles son los errores de relación entre unos y otros, y cómo se pueden solventar con la colaboración y empeño de ambas partes. Así es que la puerta en la que cuelga ese cartel con tres palabras... queda abierta.