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El ESFUERZO.  Un principio de calidad del Sistema Educativo.
 
      

El concepto de esfuerzo se configura como uno de los principios de calidad del sistema educativo, siendo este aspecto uno de los que más atención ha podido despertar por parte de todos.

Ahora bien. ¿Qué sentido tiene este concepto dentro del contexto de la enseñanza y aprendizaje sin caer en una simplificación?. A primera vista pareciera que durante los últimos años hubiera habido una cierta relajación por parte de todos los implicados en el hecho educativo así como que no se hubiera valorado adecuadamente las diferentes energías empleadas por los alumnos a la hora de aprender. O por el contrario, que por el mero hecho de enunciarlo de manera explícita en una nueva ley así como disponiendo un nuevo sistema de valoración va a ser suficiente para conseguir que nuestros alumnos se conviertan en esforzados “marines” del estudio.

Tanto una como otra no son sino un modo superficial de contemplar la situación. Realmente es cierto que hemos vivido un periodo de cierto “optimismo pedagógico” según el cual era suficiente motivar a nuestros alumnos para conseguir  el aprendizaje. Realmente cuando los niños se enfrentan a los primeros aprendizajes estos se consiguen de manera natural, casi sin querer. A medida que los contenidos de aprendizaje adoptan un carácter más cultural, exigen mayor dedicación y voluntad para ser dominados. Y ésta, por desgracia, no se da por añadidura.

Los conceptos de Motivación y de Esfuerzo forman parte de un concepto más general al que la filosofía denomina Voluntad y la Psicología lo considera como la expresión de la acción ejecutiva de la acción del yo

La motivación hace referencia al inicio de la acción. Desencadena el inicio del aprendizaje Es lo que nos mueve hacia la consecución de una meta determinada. Las metas tienen diferente incentivo según cada uno de nosotros. Algunos buscamos incrementar nuestra competencia. Otros el reconocimiento social. Otros, por desgracia, evitar el fracaso. Otros conseguir premios o evitar un castigo. Esto implica por un lado conocer qué es lo que motiva, persigue, cada alumno en particular así como intentar reconducirlo hacia metas más propias del aprendizaje. Algunos lo llaman intrínseca.

Sin embargo este primer impulso puede terminar pronto. Todos hemos tenido la experiencia de hacer planes, iniciarlos y abandonarlos a la primera de cambio. Mantenernos en la tarea, aun cuando nos resulte desagradable, aún cuando debamos invertir una cantidad de energía considerable, aún cuando debamos renunciar a otras alternativas más atrayentes e inmediatas, supone un esfuerzo.

¿Cómo conseguir que nuestros alumnos e hijos opten por el esfuerzo?. No cabe duda que el esfuerzo deberá constituirse en un  valor y, traducido en la práctica, en un hábito que va a depender de una serie de variables que de manera somera podemos enumerar:

¬     Los valores sociales dominantes: el papel que tiene el esfuerzo en nuestra sociedad.

¬     El concepto de sí mismo. La valoración de uno mismo respecto a la tarea de aprendizaje que dependerá de la historia de aprendizaje de los alumnos.

¬     El sentimiento de  esperanza de conseguir éxito que hará que valga la pena invertir la energía suficiente. En este sentido es muy importante el sentimiento de control respecto a los resultados a conseguir.

¬     La obtención de buenos resultados. Es decir, aprender.

Esto implica directamente a la labor de los docentes que va a suponer disponer  las situaciones de aprendizaje de tal modo que del esfuerzo se alcance el aprendizaje y que éste sea adecuadamente valorado y reforzado.

            Así pues nos gustaría terminar con una serie de conclusiones de todo lo anteriormente reflejado.

¬     No podemos caer en el error de considerar el esfuerzo como un fin en sí mismo. Debe disponerse al servicio de la inteligencia y del aprendizaje.

¬     El esfuerzo y la motivación no pueden considerarse como un rasgo personal, estático e inalterable de los alumnos exclusivamente atribuibles a variables individuales ni mucho menos como una categoría moral.

Si bien la motivación constituye el punto de partida, el esfuerzo está implicado en el mantenimiento del plan a pesar de los aspectos aversivos que puedan presentarse. Tendrá un papel importante el valor de las metas por un lado. Pero por otro, la adquisición de hábitos, creencias y valores relacionados.