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En la sociedad actual cada vez se da con mayor frecuencia un mayor uso de los medios de comunicación audiovisuales de masas y, aunque parezca paradójico, existe cada vez menos comunicación interpersonal. 

Nos hemos acostumbrado al uso de la radio y de la televisión que únicamente permiten una información unidireccional. Es decir, tan sólo podemos escuchar pero no podemos intervenir para preguntar más, sugerir y ni siquiera volver a escuchar la noticia. Nos estamos acostumbrando a ser espectadores pasivos. En algunos momentos pienso que todo esto no es un fenómeno aleatorio sino intencional, la sociedad neoliberal está interesada en que las personas no seamos excesivamente sensibles y reivindicativas.

 Sin embargo, lo que es bueno para la economía global no lo es tanto para las personas consideradas de una forma individual.

 Este fenómeno de la incomunicación existe tanto dentro de la familia como en otros entornos tanto formales como informales. Y también se da en todas las capas sociales y en todas las edades.

 Desde mi experiencia como orientador puedo afirmar que la falta de empatía (ponerse en situación del otro), de tiempo para escuchar, de fluidez comunicativa es un verdadero problema. Y esta circunstancia se puede percibir perfectamente en los niños, ya que son mucho más espontáneos y exteriorizan esa falta de hábito de hablar y escuchar. Cuando escriben cualquier redacción o se les pide que cuenten alguna experiencia incluso suelen tener problemas para transmitir hasta los sentimientos más objetivos. Y no es exclusivamente un problema de vocabulario sino de práctica. Los chicos y chicas no están acostumbrados a contar sus emociones, preocupaciones y sentimientos ni oralmente, ni por supuesto, por escrito.

 No hay que confundir la conversación informal e intrascendente, comentarios acerca del partido de fútbol, de la novela del mediodía o de los chismes de los famosos con la conversación íntima. Si hacemos una reflexión crítica ¿cuántas veces y con quiénes nos sinceramos realmente? ¿cuándo contamos nuestras preocupaciones o proyectos? Los que a veces denominamos amigos son en la mayoría de los casos compañeros de diversión.

 Si esta necesidad de comunicación es importante para un adulto todavía lo es más para un niño ya que adolece de otros mecanismos compensadores de esta carencia. Desde aquí, hago una llamada a los padres y madres para que invirtáis más tiempo en hablar y escuchar a vuestros hijos. Sin duda alguna, en el futuro recibiréis con creces esta inversión.




Departamento de Orientación.  I.E.S. Tiempos Modernos